Tenías el mundo a tus pies y ahora
no hace más que pesar en tu conciencia. Hablabas de viajar a países
desconocidos y ahora la que ni se conoce eres tú. Soñabas con
romper todos los esquemas y barreras, y ahora lo único que está roto son tus
propios sueños. Nunca has sido la más valiente, pero aún así eras la única que
no temía a la muerte, no te importaba, te era indiferente. La chica que siempre
ayudaba e intentaba hacer que los demás se sintieran mejor, esa chica a la que
ya no le quedan fuerzas ni para levantarse de la cama y que se pasa las horas
pensando y ahogándose sumergida en recuerdos y deseos que no se cumplirán. Ya
no salen las palabras adecuadas, no consigues entrelazarlas para que construyan
la magia que solían tener, esas letras han quedado atrapadas, mezclándose con
la preciada agua salada que tus orgullosos ojos no dejan escapar. “¿Para qué
seguir?” te preguntas mientras escribes textos en segunda persona para usarlos
como venda y así no poder ver que todos los “tú” en realidad no son más que “yo”.
martes, 23 de octubre de 2012
domingo, 21 de octubre de 2012
Bolígrafo en mano. Edgar Allan Poe en mente.
Salió de su casa un poco más tarde de que de costumbre.
Ella vivía en una casita que a la mayoría le podría parecer antigua, la casa estaba situada en un bosque de altos cipreses que se encontraba a las afueras de la ciudad, pero ella lo prefería así, le gustaba la soledad de la noche y durante el día, el trinar de los pájaros le parecía la mejor compañía. Todas las tardes cruzaba el viejo bosque para ir a visitar a su madre.Aquel día mientras caminaba por el bosque la noche se le echó encima, su lugar favorito en el mundo era ahora un sitio lúgubre y oscuro, nunca había estado por allí a esas horas. Creía conocer el bosque mejor que su propia casa pero en esos momentos todo parecía distinto, nunca hubiera imaginado que los bellos y altos cipreses le recordarían al cementerio donde, de niña, enterraron a su padre. De repente una docena de puntos brillantes aparecieron a su alrededor, eran luces intermitentes, seguramente ojos. Se sentía como una extraña en su propio hogar. Lo que ella llamaba "el silencio de la noche" le molestaba ahora más que el bullicio de la ciudad, se concentró en encontrar algún sonido que rompiera ese vacío pero fue aún peor, el susurro del viento entre los árboles le parecían voces y los pequeños roedores correteando por la hierba le sonaban como si alguien estuviera andando de puntillas vigilándola. Cada segundo se le hacía eterno, incluso llegó el momento en el que creyó escuchar el tic-tac de un reloj. En aquella larga y angustiosa noche le pareció oír y ver cosas que no eran más que fruto de su imaginación. Después de intentar huir de todo lo que la atormentaba y encontrar el camino de regreso a casa decidió que simplemente se había vuelto loca y se dejó caer sobre la hierba húmeda sin fuerzas para intentar escapar de lo que ya sabía que no estaba allí de verdad.
A la mañana siguiente todo volvía a ser normal, los pájaros trinaban, la ciudad se despertaba a lo lejos y ella se volvía a sentir como en casa. Encontró fácilmente el camino de vuelta a su anticuado hogar dispuesta a hacer cualquier cosa para distraerse y así poder demorar la visita diaria a la tumba donde su difunta madre llevaba un año esperando a que ella consiguiera cruzar el bosque de locura y soledad en el que caía cada noche desde que su madre la dejó.
domingo, 9 de septiembre de 2012
Salta, que del suelo no pasas.
Tú simplemente eres raro, porque la gente especial va por ahí disfrutando sin darle importancia a lo que piensen los demás. La gente especial hace cosas especiales, no se encierra en su mundo ahogando penas con vasos y vasos de sueños, sueños que eres incapaz de convertir en realidades. Las personas especiales no repelen el mundo, se lo comen.
Tú simplemente eres raro, pero no te preocupes, yo también lo soy, y no se está tan mal.
viernes, 6 de julio de 2012
Puede, solo puede, que ya no quede nada.
La sombra se ha cansado de observar, ha decidido marcharse, abandonarme y llevarse con ella mi inspiración.
viernes, 16 de diciembre de 2011
Tu sabiduría y mis miedos juntos en una lata de sardinas.
Descolgó la chaqueta y colgó su vergüenza. Salió a la calle con ganas de saborear el cielo y de llenar su cabeza de sonidos reales y palabras sinceras. Se comportaba como si hubiera pasado años encerrada, y en parte así era, había estado encerrada en su caparazón de llantos y noches frías. Tanto tiempo estuvo secuestrada por ella misma que se había olvidado de cómo respirar profundo, coger aire y soltarlo de golpe dejando solo una sonrisa en su rostro. Con los brazos entumecidos de abrazar las sábanas de su cama expulsó todos los días de sollozos y se sintió libre. Lo necesitaba, ya no iba a poder aguantar ni un solo minuto más esa niebla que invadía su cabeza, niebla que se condensaba en lágrimas malgastadas. Salió a la calle, para no volver a entrar, sabiendo muy bien lo que quería y que nunca iba a volver a dejarse caer.
"Se fuerte, sonríe, y hazlo por ti."
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Escucha. Son tus emociones pidiendote salir.
Como cada mañana él la recordaba. Extrañaba su olor, su sonrisa, sus zapatos encima de la alfombra. Y como cada mañana volvía a sentirse mal. La adoraba. La amaba. Y él estaba cada vez peor. Se autodestruía con tan solo pensar. Pensar en lo que sucedió. En haberla dejado escapar. Se había marchado. No había vuelta atrás. Solamente eran amigos. Como lo son Mickey y Daisy. Al verla cada mañana su estómago se llenaba de mariposas y las piernas le temblaban. Quería volverla a besar. Aunque solo fuera una vez más. Pero que esa vez durara para siempre. Cada noche soñaba con ella. Todo era como antes. Paseaban cogidos de la mano. Se miraban con dulzura. Intercambiaban mensajes. Se sentaban juntos a ver pasar el tiempo. Hacían todo lo que hace una pareja normal. Pero eso no eran más que sueños. Pensamientos. Ilusiones. Todo lo que él deseaba que pasara. Seguir caminando juntos. Volando en sus sueños. Bailando al son de la misma canción. Cantando. Y de vez en cuando una cena bajo la luna. Con un dulce beso de postre.
Ella cada mañana pensaba en él, y algo dentro de su corazón se agitaba, como si quisiera salírsele del pecho. Y en algún momento volvía a recordar su olor, y casi instantáneamente se le dibujaba una sonrisa en la cara, de esas que cuestan borrar, también conocidas como sonrisa de idiota. También se acordaba de esas largas noches en su casa, que parecían interminables, las mismas noches que ella quería que no acabaran jamás. Ella se sentía bien y feliz cada vez que pensaba en él, y en todos los recuerdos que guardaba con mucho cuidado en un preciado rincón de su mente, porque sobretodo no quería perderlos. Salía con sus amigas a comprar, paseaba por los parques de su ciudad, todo era normal en su día hasta que se encontraba con él, entonces en su estómago sentía como si le brotasen flores, las flores más hermosas que se puedan imaginar, pues estaban construidas con sueños y recuerdos. También notaba algo distinto en su corazón, un extraño sentimiento parecido al amor que en antaño sintieron ambos, pero ahora era algo más sutil, y libre de dudas, celos y amarguras. Ella adoraba ese sentimiento, era tan puro como el aire de las montañas y tan ligero como el vapor que empañaba sus gafas en invierno. Ese desconocido ajetreo en su corazón hacía que quisiera abrazarlo y nunca más soltarlo. Tal y como estaban las cosas, era algo extraño, pero a ella le encantaba.
Él creía volver a amarla con todo su corazón y parte de su alma, como nunca había amado a nadie. Ella simplemente se sentía feliz al recordar los buenos momentos que había pasado junto a su apreciado amigo.
martes, 1 de noviembre de 2011
Mirar y ver que esa sombra ya no está.
- Me quieres.
- No.
- Yo se que sí.
- No te quiero, pero pasaría toda la noche contigo.
- ¿Y que haríamos?
- Hablar, el tiempo está muy cambiante últimamente.
- Tiempo, y bastante, es lo que ha pasado desde nuestro último "nosotros".
- Es que siempre fuiste más de "yo" y eso que a mí me interesaban más los "tú" y los "nosotros". Pero no somos como el tiempo y no vamos a cambiar.
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