miércoles, 29 de julio de 2015

¿Y si pudiéramos estirar algunas noches como lo hacemos con los chicles?

No era cuestión de interrumpir sus sueños, que parecían más profundos que de costumbre. Decidió que lo más sencillo sería rodar hasta el borde de la cama y salir a gatas de la habitación. No le gustaba andar de puntillas porque eso hacía que viera el mundo desde una perspectiva más amplia y eso le asustaba.

No fue hasta que hubo salido de la habitación cuando se dio cuenta de que aquella no había sido una noche más entre todas las anteriores, llenas de encuentros furtivos, que ella nunca había sentido la necesidad de no despertarle al irse en mitad de la noche, que esta vez no había rebuscado en su bolso para sacar la pequeña libreta de las noches incompletas que solo usaba para arrancar media página y escribirle una nota cutre de disculpa que ni siquiera iba a leer.

Tras comprobar aliviada que no debía regresar a la habitación ni buscar a oscuras algún objeto olvidado se dispuso a bajar las escaleras recordando a cada paso todo aquello que nunca volvería a suceder.

1 comentario:

  1. Me gustó. Me asusta pensar en la sombra que me observa.
    Saludos.

    ResponderEliminar

Haz de tus sonrisas palabras que puedan volver a ser sonrisas al ser leidas.