viernes, 6 de julio de 2012

Puede, solo puede, que ya no quede nada.



¿Escribir?, ¿para qué? Ya no me salen las palabras, parece ser que se han encerrado en lágrimas que nunca verán la luz. Huyen de mi mente dejándome vacía e impidiendo que exprese los sentimientos que necesito expulsar. ¿De qué sirve sentir si no puedes transmitir esos sentimientos? Lo odio, me odio, odio todas y cada una de las letras que aparecen al presionar el teclado de mi ordenador, no tienen sentido, ni orden, ni lógica.


La sombra se ha cansado de observar, ha decidido marcharse, abandonarme y llevarse con ella mi inspiración.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Tu sabiduría y mis miedos juntos en una lata de sardinas.

Descolgó la chaqueta y colgó su vergüenza. Salió a la calle con ganas de saborear el cielo y de llenar su cabeza de sonidos reales y palabras sinceras. Se comportaba como si hubiera pasado años encerrada, y en parte así era, había estado encerrada en su caparazón de llantos y noches frías. Tanto tiempo estuvo secuestrada por ella misma que se había olvidado de cómo respirar profundo, coger aire y soltarlo de golpe dejando solo una sonrisa en su rostro. Con los brazos entumecidos de abrazar las sábanas de su cama expulsó todos los días de sollozos y se sintió libre. Lo necesitaba, ya no iba a poder aguantar ni un solo minuto más esa niebla que invadía su cabeza, niebla que se condensaba en lágrimas malgastadas. Salió a la calle, para no volver a entrar, sabiendo muy bien lo que quería y que nunca iba a volver a dejarse caer.
"Se fuerte, sonríe, y hazlo por ti."

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Escucha. Son tus emociones pidiendote salir.


Como cada mañana él la recordaba. Extrañaba su olor, su sonrisa, sus zapatos encima de la alfombra. Y como cada mañana volvía a sentirse mal. La adoraba. La amaba. Y él estaba cada vez peor. Se autodestruía con tan solo pensar. Pensar en lo que sucedió. En haberla dejado escapar. Se había marchado. No había vuelta atrás. Solamente eran amigos. Como lo son Mickey y Daisy. Al verla cada mañana su estómago se llenaba de mariposas y las piernas le temblaban. Quería volverla a besar. Aunque solo fuera una vez más. Pero que esa vez durara para siempre. Cada noche soñaba con ella. Todo era como antes. Paseaban cogidos de la mano. Se miraban con dulzura. Intercambiaban mensajes. Se sentaban juntos a ver pasar el tiempo. Hacían todo lo que hace una pareja normal. Pero eso no eran más que sueños. Pensamientos. Ilusiones. Todo lo que él deseaba que pasara. Seguir caminando juntos. Volando en sus sueños. Bailando al son de la misma canción. Cantando. Y de vez en cuando una cena bajo la luna. Con un dulce beso de postre.

Ella cada mañana pensaba en él, y algo dentro de su corazón se agitaba, como si quisiera salírsele del pecho. Y en algún momento volvía a recordar su olor, y casi instantáneamente se le dibujaba una sonrisa en la cara, de esas que cuestan borrar, también conocidas como sonrisa de idiota. También se acordaba de esas largas noches en su casa, que parecían interminables, las mismas noches que ella quería que no acabaran jamás. Ella se sentía bien y feliz cada vez que pensaba en él, y en todos los recuerdos que guardaba con mucho cuidado en un preciado rincón de su mente, porque sobretodo no quería perderlos. Salía con sus amigas a comprar, paseaba por los parques de su ciudad, todo era normal en su día hasta que se encontraba con él, entonces en su estómago sentía como si le brotasen flores, las flores más hermosas que se puedan imaginar, pues estaban construidas con sueños y recuerdos. También notaba algo distinto en su corazón, un extraño sentimiento parecido al amor que en antaño sintieron ambos, pero ahora era algo más sutil, y libre de dudas, celos y amarguras. Ella adoraba ese sentimiento, era tan puro como el aire de las montañas y tan ligero como el vapor que empañaba sus gafas en invierno. Ese desconocido ajetreo en su corazón hacía que quisiera abrazarlo y nunca más soltarlo. Tal y como estaban las cosas, era algo extraño, pero a ella le encantaba.

Él creía volver a amarla con todo su corazón y parte de su alma, como nunca había amado a nadie. Ella simplemente se sentía feliz al recordar los buenos momentos que había pasado junto a su apreciado amigo.

martes, 1 de noviembre de 2011

Mirar y ver que esa sombra ya no está.


- Me quieres.
- No.
- Yo se que sí.
- No te quiero, pero pasaría toda la noche contigo.
- ¿Y que haríamos?
- Hablar, el tiempo está muy cambiante últimamente.
- Tiempo, y bastante, es lo que ha pasado desde nuestro último "nosotros".
- Es que siempre fuiste más de "yo" y eso que a mí me interesaban más los "tú" y los "nosotros". Pero no somos como el tiempo y no vamos a cambiar.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Bienvenida seas, amiga Rutina.


Huy que tarde se me ha hecho.

- Tengo la sensación de que te he dejado algo de lado estos últimos meses.
- Puede ser.
- Mira, ya has vuelto. Intentando hacerte la difícil. ¿Por qué haces siempre lo mismo si sabes que a mi esos males de ojo no me afectan?
- Bueno, entonces creo que ya volvemos los dos a ser los mismos, déjate de preguntas retóricas y cuéntame como se entabla conversación con una hormiga sedienta.